sábado, 10 de julio de 2021

Justicia divina

El futbol tiene magia. Argentina es campeón de América después de 28 años de sequía.

Posiblemente en la última copa que dispute su estrella máxima Lionel Messi.

El futbol nos regala varias de esas películas de final feliz, por eso es tan hermoso

Recuerdo al periodista deportivo Ariel Delbono comentando el gol agónico de Diego Aguirre en el 87 para darle la Libertadores a Peñarol sobre America de Cali, hablando de una justicia divina. Los uruguayos sabemos muy bien de gestas heroicas por eso las reconocemos y las esperamos. ¿No habrán sido justicia divina los goles de Luis Suarez frente a Inglaterra en el mundial de 2014? y ¿no es heroica la última liga española obtenida por el mismo 9 uruguayo con el Atletico de Madrid?

Por eso esta copa que gana Argentina en el Maracana enfrentando a Brasil de la mano de Messi y Di Maria tiene olor a épica. Messi, ídolo de toda una generación, había jugado ya 3 finales con la selección sin ganar ninguna (Mundial 2014, Copas America 20015 y 2016). Un tipo que se muestra humilde sin muchas pretensiones pero que tiene todo y que juega al futbol como ninguno cargaba injustamente con esa mochila. Precisamente él, pocos meses después de que Diego Armando Maradona (D10S) haya dejado este mundo, levanta la copa como capitán y con la 10 en la espalda. Una ofrenda al mejor jugador de todos los tiempos. Un pueblo unido como nunca festejando en las calles.

 Justicia divina. Final feliz

sábado, 28 de noviembre de 2020

Maradona inmortal



En el 86 estaba por cumplir 6 años pero recuerdo ese mundial como la primer experiencia que me marcó como futbolero. Recuerdo seguir a la selección uruguaya y sufrir con sus partidos. Llorar con la goleada en contra con Dinamarca. Y la agónica clasificación a octavos contra Escocia en un empate en cero goles.
Y en ese mundial veía como Argentina se hacía grande de la mano de Maradona. El primer recuerdo es el empate con Italia. Luego el partido con Uruguay en octavos. Nos ganaron bien pero en el segundo tiempo ya con Rubén Paz en cancha estuvimos cerca de empatar. Luego la magia contra los ingleses y a Maradona levantando la copa.
Ya en el 90 con casi 10 años, los recuerdos son más claros. La selección uruguaya haciéndome sufrir como siempre. Y la argentina creciendo con dificultades pero derrotando a sus rivales como equipo grande. Recuerdo la dupla mágica que formaron Maradona y Caniggia para liquidar a los brasileros, yugoslavos e incluso a los dueños de casa, los italianos. La final no pudo ser esta vez. Me viene a la memoria primero el insulto de Diego para los que le chiflaban su himno y luego el llanto de rabia por la derrota.
Luego de ese mundial comenzaron los problemas con la cocaína y el primer doping positivo. Una noticia triste y una enfermedad que lo acompañó hasta el final.
Las luces y sombras de las que hablan.
Pero estar del lado de Maradona es estar del lado de una persona auténtica que nunca ocultó sus problemas y siempre fue de frente. Nunca fue un hipócrita. Se opuso a los poderosos. Siempre con los débiles.
Nació en una villa, en la pobreza y conquistó el mundo con la pelota. El sueño del pibe. El sueño de los futboleros y las futboleras. Hoy, sus compañeros y colegas lo destacan como un líder ganador en la cancha y un rival respetable y admirado. 
Se mostró amigo de Uruguay. Nos respetó. Nos dejó afuera de aquel mundial en México pero tambien supo caer en las Copas América del 87 y del 89.
Maradona fue un jugador único y sigue siendo inigualable. De una velocidad increíble, llevaba la pelota atada de verdad. Se notaba como disfrutaba jugar al fútbol.
Contagiaba alegría dentro y fuera de la cancha. Hizo feliz a los argentinos y a los futboleros del mundo. Todos, hombres y mujeres lo amaban.
No se puede evitar hablar de sus conflictos porque nunca los ocultó. Tampoco podía, porque siempre estuvieron arriba de él.
Fue auténtico para bien y para mal. Amigo de Fidel y de Chavez, pero también de Menem y últimamente apoyando al movimiento kirnerichsta en su país. Y muchos no le perdonaron que un terraja de barrio pobre dijera lo que sentía siempre defendiendo a los más débiles. No le perdonaron ser auténtico. Le reprochaban una y otra vez su estilo de vida, la adicción a la cocaína, sus notorios problemas con el alcohol. Las relaciones extra matrimoniales fuera de la familia tradicional. Las mujeres, los hijos no reconocidos, las drogas. Su autodestrucción. 
Se llenó de moralistas de papel, que dan cátedra de como ser una persona decente. Que van señalando con el dedo con aires de superioridad. Los quiero lejos.
La autodestrucción que hizo Maradona con su vida no se justifica ni se aplaude. Se lamenta. Simplemente basta con una mirada un poco menos simplista y con un poco de contexto.
Maradona fue único, nos hizo felices y será inmortal.

domingo, 25 de marzo de 2018

Efímero 2

Mira, ahí pasó. Me veo al espejo y sonrío. Un momento de felicidad. Una suave brisa tranquila, que te hace disfrutar el momento. Increíble que suceda, captarlo, sentirlo y abrazarlo. Sabés que esa sensación dura a veces un suspiro. A veces un día.

martes, 6 de marzo de 2018

La travesía

El flaco Gutierrez y el quemao Aguirre habían sido grandes nadadores en su adolescencia. Devenidos en borrachos de bar recordaban sus glorias aquella tarde soleada de otoño.
Entre copas y risas el viejo Mincho los desafió, 

- ¿A que ahora no se animan, eh?

- ¡Que no! más vale que si ¿o no flaco?

-Seguro, yo estoy diez puntos, aseguró Gutierrez.

Los borrachos se motivaban para repetir aquellas competencias de hace veinte años atrás. Se mantenían en buena forma y se sentían capaces de hacer los 4500 metros a nado bordeando la playa.
Salieron del bar presurosos luego de apostarle al viejo una botella de whisky cada uno. Nadie los tomó enserio. Hicieron las ocho cuadras hasta el muelle que era el punto de partida. Cuando llegaron, un poco agotados por el alcohol no había nadie. Rápidamente se colocaron en la punta del muelle se quitaron la ropa quedando en calzoncillos y se zambulleron.

-¡Ta fría!, se quejó Aguirre

-¡No pensés y nadá!, respondió Gutierrez 
El flaco tomó la delantera y metió brazos como en sus mejores épocas.

-¡Vamo quemao! Gritó, pero cuando miró hacia atrás, su compañero ya no estaba. Miró hacia la orilla y tampoco lo encontró.

-¡Dale Quemao, salí!, gritó, pero nadie respondía.

Decidió volver al muelle. Pegó la vuelta pero la corriente comenzó a cambiar y se hizo más fuerte llevándolo hacia adentro del rio. Mantuvo la calma logrando nadar en paralelo a la costa. A esta altura el pedo se le había ido. En eso, sintió un ardor intenso en la pierna derecha.

-¡Aaaaaaaaargh! ¡La puta madre!, gritó. 

Recordó que las travesías se suspendían cuando en el rio aparecían rayas. Por más que luchó por mantenerse a flote el dolor era intenso, su pierna quedó inmóvil y sus brazos ya no daban más. Nadó desesperadamente pero cada brazada que daba lo agotaba más. Ya no podía luchar contra la corriente, que se lo llevaba y su físico no respondía. A los pocos segundos se hundió y no volvió a salir.

Poco tiempo después y a pedido del viejo Mincho se bautizó a la competencia de travesía en rio abierto como la "Gutierrez - Aguirre" en homenaje a los dos mejores exponentes en la materia que el pueblo había conocido. 

miércoles, 14 de febrero de 2018

37

Me dije, ya no quiero más y decidí cambiar. Tan simple como eso.
Dediqué toda mi vida a esto. Soy como Olegario, el bicho de luz del cuento de Susana Olaondo. Anduve toda la vida con la bombilla de luz apagada. La solución era tan solo ajustarla. Y voalá, prende, se ilumina todo. Soy un bicho de luz. Era hora. Quizás mañana despierte y ya no tenga este mismo ímpetu. Pero no importa, no debo abandonar. Llévalo a papel. Visita a tu hermano y a tus amigos. Ama a tu mujer y a tus hijos. Créalo. Crea tu propia realidad.

miércoles, 7 de junio de 2017

Efímero

Los momentos de plena felicidad suelen durar segundos. Son efímeros momentos de amor. Un abrazo, una compañía, una sonrisa cómplice.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Botas 1974

La tibieza de la primavera de 1974 pega tímidamente. 

El hombre ata sus botas, se abotona su uniforme verde mientras escucha su marcha preferida que suena en la radio. Se mira al espejo y toma coraje. Casi que no necesita hacerlo. Se prepara para lo que está por venir. Se vuelve a mirar en el espejo y acomoda su bigote como si eso cambiara algo. Toma su arma reglamentaria y la guarda en el estuche del cinturón.  Luce impecable.

Sabe que lo esperan largas horas. Las mismas preguntas y las mismas escenas de siempre. Los casos se repiten una y otra vez, casi a diario. A veces suele obtener alguna información relevante que les sirva a sus superiores. Los gritos y los llantos nunca lo conmueven, no siente piedad alguna por los enemigos. Orgulloso de su labor, sirve a la patria. No cuestiona razones, obedece y cumple.

Los años han pasado y hoy es un abuelo acusado por la justicia pero él no se arrepiente de nada.

Nadie lo va a delatar, existe un pacto y el honor es implacable entre los suyos. Más tranquilo lo deja el silencio cómplice de los que otrora fueran el bando enemigo.

Ni siquiera lo conmueven las marchas ni los escraches contra su nombre, les resta importancia. No se inmuta por las horas en el juzgado. Ha sido noticia por varios días pero guarda silencio. En su familia saben que él no va a hablar. Sus nietos más rebeldes, quisieran saber su versión pero ni se animan a preguntar.

No importa el dolor de los familiares de las víctimas. Los desconoce. Para él son gajes del oficio, pérdidas que iban a suceder, como en toda guerra.


Oculta y reniega, sin ser consciente, porque nunca se lo permitió. Esa doctrina miserable lo redime.